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7 de enero de 2011

Es como pasear por la calle con la mano vacía, es como un día sin ti.

Hay veces que tengo esa sensación, la que me corre por la sangre, la que me hace ver las cosas de otro modo. Nunca suelo estar pendiente de lo que realmente me rodea y siempre que lo descubro huye como la arena en las manos. Una de estas tardes en las que es habitual sentarse, sola, mirar hacia ninguna parte y pensar en lo que, sinceramente, solo me importa a mi, ni lo que le importa a nadie, ni en cosas que tenga el valor de decirlo a la cara, una de esas tardes que piensas en lo que no puedes decirle a nadie, lo que te guardas para ti y para nadie más. Nadie pensaba que esto era real, creían que sería pasajero, pensaban mal, en realidad, ni yo misma pensaba que estos seis meses se pasaran así de rápido, hasta, de algún modo, intentar y creer por olvidado todo esto que me pasa contigo y que ahora no quiero que ocurra. Esas tardes yo nunca las pude apuntar en mi rutina, no era necesario tener que llorar todos los días, no podía, era imposible llorar por una persona que nunca ha podido sentir nada por ti, ni amor, ni amistad, ni desprecio, simplemente, no sintió nada. Tantos días sintiendo cosas, esas cosas que llaman "mariposas".
Le quiero, sí, lo amé, sí, cuanto lo quise, cuanto lo amé, tanto que llego a dolerme el echo de tener que llorar todas las noches por una mirada que no era mía, deseaba tanto esa mirada, tanto lo quería que llegué a olvidarme de las personas que yo realmente quería, no sería de la misma forma, pero esas personas, saltaban todos los marcadores de los marcadores que marcan la intensidad con la que se quiere a alguien.
Quiero olvidarte.
Pude rebobinar, o eso creo, pude fijarme en otras miradas, pude sentir lo que sentí (siento)por ti, es otra forma de sentir mi vida, de sentirme libre, de poder gritar, de querer a otro que quizá me haga más feliz de lo que me hizo él.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Intensidad, felicidad, libertad


Intensas tardes
y noches, por largas,
eternizables

que tus pensamientos
de felicidad
llorar te hacian

Ceguera,
que ensombria te tenía
y tu ventana no habrias

Tarde de viento huracanado,
tu ventana abrió
y volastes,
como una gaviota,
descubriendo
en la inmensidad del mar
que tu soledad
no era tal

Descubristes
tu libertad,
tu libertad de amar.

Dinamita. dijo...

^^ jaja me gusta mucho que me comentes con estos poemas:D