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12 de agosto de 2012

Corramos un tupido velo.



Al salir por la puerta me ha parecido oler el mar a centímetros de mi, notaba como la piel del cuerpo se quedaba un tanto pegajosa al tacto, y los coches me recordaban al sonido que hacen las olas al romper. Llamadme loca.
He seguido caminando y ese olor me parecía más al humo de los tubos de escape de los coches por la Avenida, de la sandías del Mercado y del polvo de las obras. El aire se ha vuelto más seco y se me ha erizado el vello del brazo. El hedor a rueda quemada es a veces insoportable para una mente como la mía, imagino a mi cerebro bañándose en una humareda negra y me entra la risa tonta.
¿Quién dice que no puede entrarme por los oídos? Hay cosas más extrañas en este mundo, y lo más extraño es que lo seguimos llamando Mundo. Yo propongo que nos los tapemos, y así también dejamos de escuchar todas las tonterías que a alguien se le ha ocurrido llamar Política.
Y no es que yo quiera entrometerme en este tema, ni mucho menos. A  mi eso me da miedo. Y en realidad, ¿A quién no?

2 comentarios:

Gabriel Umaña dijo...

La política puede ser esa enfermedad terminal que se instala en la entraña de las sociedades hasta destruirlas, por ese mismo, haces bien en tapar tus oídos para no escuchar hablar de ella. Puede resultar altamente peligrosa.

Eva Padilla. dijo...

tienes razón! jajajaja