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5 de enero de 2013

Me explicaron el secreto para dormir cando no estés.


¿Cuándo te darás cuenta de que Calderón tenía razón? Te juro que no merece la pena mantenerlo como si fuera una señal. Yo ya te lo dije. El destino no existe. También te expliqué como lo veía yo. Creo que la vida está atada a un conjunto de factores. Tales como la felicidad, muy obviamente, el orgullo y la tristeza. Es muy sencillo.
El orgullo es directamente proporcional a la tristeza. En cambio es inversamente proporcional a la felicidad. Supongo que todo el mundo entenderá esto, es una regla muy sencilla que, sinceramente, hasta una cierta edad no logré comprender completamente. Quizá solo sea una mera obsesión. Tal vez solo sea una mera imaginación. Lo malo es que es muy posible que esté entre un  término medio.
Han tratado de demostrarme muchas veces algo de lo que ni ellos mismos se sentían seguros. Han intentado hacerme creer que he dejado de importarle a alguien. Fíjate. Por muy absurdo que parezca: "De lo que no veas no creas nada, de lo que veas cree la mitad". No es mío. Ojalá fuera mío, yo no soy tan inteligente para pensar así. Yo soy de las que se lo creen todo.
¿Con esto que quiero decir? Esta noche he soñado una cosa que me ha hecho cerrar los ojos un par de veces para intentar volver a quedarme dormida. Porque era casi perfecto. Casi.  Perfecto sería si fuera verdad. Si al despertarme volviera a tirarme a esa piscina que tanto aparecía. Si de verdad ese número fuera realmente mi casa. Si de verdad de la buena esa fuera mi vida. Pero he caído en la cuenta de que esa no era yo, ni era él. Y que nunca va a ser él. He pensado que sería muy bonito creerme a mi misma cuando digo que no quiero que sea así.

Que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

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