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30 de julio de 2026

 Albergo la esperanza de que algún día olvides lo que tenías y recuerdes lo que te doy.
Igual no es suficiente, igual no es lo mismo.

Yo no creo que comernos a besos sea indispensable, 
pero si lo pienso, 
no quiero que sea lo que tuviste y ya no.

No quiero que decirnos «te quiero» sea una competición, 
pero quizá sí algo que digamos con la boca llena. 
Que a la larga significa más.

Igual es poco; no sé si es lo que necesitas.

Yo el otro día creía que caía porque conmigo es diferente.
 Tendría que estar segura de servir o dar la talla.
Es que es lo único que me queda. 

Igual no es suficiente, igual no es lo mismo. 



23 de julio de 2026

19 de mayo de 2026

marjorie

 Paré a mitad de camino olvidando por qué andaba.
Miré a mi espalda y estaba vacío.
Miré adelante y solo vi bosque.

Pero miré arriba y lo vi claro.
¿Por qué te perseguía en horizontal? 
¿Por qué torcía en plano?
¿Por qué no estoy escalando?
¿Por qué no subo a buscarte?

El otro día me puse triste porque sigo atrasando el momento.
Y me di cuenta de que, antes de que te fueras, también lo hacía.
Me arrepentí de ello el día 10.
Un mes después sigo haciendo lo mismo,
solo que con tu casa vacía.

Al día siguiente a tu partida pensé que lo justo era que permaneciese así.
Sin ti pero con tus fotos,
con las de todos.
Vacía pero llena.

Un mes después no me atrevo y debería.
Sigo andando en línea recta cuando claramente tú me esperas arriba.
Y para llegar allí tengo que entrar por la puerta.

Quiero tu camisa pero tengo que ir a por ella.
Así que, mientras tanto, ella descansa allí colgada.
Y yo sigo en tierra firme.
Esperando en el umbral.


15 de abril de 2026

El día que abrimos la ventana

Aún era primavera.
En aquella época brillaba el sol y el azahar florecía. 
Recuerdo que abrimos la ventana y empezó a llover durante dos días enteros.
Como si su alma estuviera ascendiendo y necesitara impulso. 
Arriba dejaron caer todas sus penas y le ahuecaron la almohada para que estuviera tranquilo.

Y todo eso ocurrió, lo juro.

Abrimos la ventana y empezamos a llorar. 
Pero él volaba porque se liberaba. 
Se desprendía de lo mundano mientras llovía y brillaba el cielo con los rayos.

Me asomé y vi las nubes negras agolpándose encima nuestra. 
Fue como si, tras su ida, se hubiera llevado con él el sol y el azahar. 
Olía a tierra mojada y a frío en los huesos.
Estábamos todos callados mientras lo veíamos sonreír desde arriba.
El agua nos caía en los ojos y se nos revolvía el estómago de rabia.

Pero te juro que al abrir la ventana,
yo lo vi salir y supe que era lo mejor.

12 de enero de 2026

 Oculto tras la ventana está,
apenas se le ve la coronilla.
Estuve todos los días pasando por delante,
por la acera.
Jamás lo vi hasta hoy.

Allí es de otro modo,
igual es más tranquilo,
más simpático.
Lo que llama la atención es el remolino que apunta al cielo,
se agita cada vez que discute con el aire o con los demás.

Yo diría que corretea por el pasillo,
escondiéndose de la realidad de fuera.
Hace mucho que no sale a la calle a jugar y todos lo estamos esperando.

Ayer me acordé de aquel libro que le presté,
supongo que ya tiene las páginas amarillas y no lo habrá terminado.
Como todo lo que empieza con ganas.

Pero es que yo ayer lo vi oculto tras la cortina,
 y eso significa que no quiere salir.