He estado estos dos últimos años pendiente de las esquinas para ver
si se me cruzaba un cable y te veía a la vuelta con una gran sonrisa. En
cambio, últimamente he estado más pendiente de la ventana, por si te
veía paseando entre la gente. Con el pelo largo y negro, con los labios
pintados de rojo, con tu gran sonrisa, esa gran sonrisa. Ya no miro al
cielo, ya no soy así, soy más de posar la mirada en el horizonte porque
sé que estás en cualquier parte. Lo sé perfectamente, que no fue tu
culpa, que solo ocurrió porque no sabías lo que hacías.
¿Sabes qué
quien con fuego juega se acaba quemando? Bueno, la cuestión es que tú
no encontraste uno de esos extintores rojos que se cuelgan de la pared. Y
yo sé que lo buscaste hasta la saciedad, pero hay cosas que se pierden y
no se vuelven a encontrar, como tú. Que te has perdido y no sé dónde buscar, no creo que esté malgastando los 730 días que llevo mirando hasta debajo de las piedras.
Supongo que la canción que alguien te escribió te sonará de algo. La hicieron hace mucho, y creo que es la canción más bonita del mundo. Pero no quiero escucharla, no quiero. Porque dicen que te has ido y eso no es verdad, no me lo creo, ellos tampoco deberían de hacerlo. Tú no te puedes creer como estoy luchando por dejarlo ir, pero es incapaz de irse de aquí, está sentado a mi derecha y le tengo agarrado de la mano sin darme cuenta.
Que son ya catorce años los que te conozco, y cada día, aunque no te lo creas, aprendo más. Que sepas que yo voy a cumplir los sueños que las dos teníamos, y que lo voy a hacer por ti, te lo juro.










